Hace apenas quince días, escuchaba en la Cadena Ser una noticia de esas que te alegran el día como mujer, como feminista, como ciudadana europea y del mundo: el pleno del Parlamento Europeo aprobaba la euroorden de protección para mujeres víctimas de la violencia de género, una iniciativa promovida por España durante su presidencia de la Unión Europea. La citada euroorden permitirá que cualquier medida de seguridad dictada por un Estado miembro para proteger a una persona amenazada, por ejemplo una orden de alejamiento para un maltratador, se ejecute también automáticamente en cualquier otro país de la UE al que la víctima se traslade. Lo que en su fase de propuesta, tal y como afirmaba la entonces Ministra de Igualdad, Bibiana Aído era "una apuesta muy relevante para situar la lucha contra la violencia de género en el corazón de la agenda política europea" se convierte por fin en realidad. Un nuevo avance que sumamos con orgullo a la historia de las políticas de igualdad.
Pero hay noticias y noticias, y en los últimos tiempos también han salido a la luz las actuaciones de algunos gobiernos regionales que poco tienen que ver con el compromiso en la lucha contra la violencia de género. Noticias como el cierre casas de acogida por el gobierno de Castilla La Mancha, la eliminación de la protección de las mujeres víctimas de violencia de género por el gobierno de Cantabria o el cierre por parte del gobierno valenciano del Centro de Investigación contra la violencia de género Reina Sofía, colapsan sin duda alguna el horizonte tan prometedor que se había abierto tras años y años de lucha contra esta lacra. Dado que alguna de ellas ha sido desmentida, dejaré una sombra de duda, que a tiempo estaremos de corroborar su veracidad, en cualquier caso no puedo entender la vulnerabilidad de las políticas contra la violencia de género, ni tampoco que lejos de configurarse como una inversión irrenunciable porque de ellas depende la libertad, la seguridad y la vida de las mujeres, para algunos y algunas no sea más que un gasto susceptible de recorte a la primera de cambio.
Y ya para terminar y en relación a las últimas declaraciones de la nueva Ministra de Sanidad e Igualdad, en las que sustituye el concepto de violencia de género por violencia en el entorno familiar, por favor, las cosas por su nombre, porque los términos sí que importan, importan mucho, máxime cuando vienen recogidos en una ley orgánica como la LEY DE MEDIDAS DE PROTECCIÓN INTEGRAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO y sobre todo porque después de décadas de invisibilizar a la violencia que se ejerce contra las mujeres, de trabajar por disponer de estadísticas rigurosas que nos permitieran conocer la real y desgarradora dimensión de este tipo de violencia, a estas alturas, ya no podemos volver hacia atrás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario